El periodo de adaptación de los niños de 0 a 3 años

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El periodo de adaptación de los niños de 0 a 3 años

adaptación bebés

El periodo de adaptación en niños de 0 a 3 años es un tiempo que puede durar entre 20 y 30 días en el cual el niño de 0 a 3 años se adaptará a la nueva situación que se plantea, pasando de un ambiente que siempre le ha generado seguridad y protección a un ambiente donde debe compartir con otros niños y con otros adultos desconocidos para él.

No debemos obviar que el niño no es el único que sufre el cambio, hay que tener en cuenta que también supone un cambio para los progenitores y para del resto de la familia que comparte tiempo con él. En muchos casos han sido los abuelos los que primero se han hecho cargo de los nietos en esos primeros meses de vida y sienten la pérdida tanto o más que los padres.

Los padres llegan asustados el primer día de guardería de sus hijos, y no solo cargan con sus propios miedos, sino que les acompañan los miedos del resto de familiares. Todos creen haber elegido bien la guardería después de visitar varias y reunirse con las personas responsables. A través de preguntas toman una decisión, pero esta no se materializa hasta que llega el día de llevar por primera vez a sus hijos. Los padres llevan a sus hijos con el corazón encogido, en espera de haber acertado.

Los sentimientos y las sensaciones de los días previos se trasladan sin que ellos lo sepan a su bebé. Están más nerviosos, a veces llenos de dudas e incluso podríamos decir atemorizados. Es muy importante que los padres no transmitan estos sentimientos e inseguridades al niño, ya que dificultara y alargará el proceso de adaptación del mismo.

Las educadoras deben tener la habilidad suficiente y la empatía para el manejo conductual del aula, aunque también deberán adaptarse a los niños, a sus particularidades, sus gustos, para así crear estrategias que faciliten un clima afectivo y adecuado en estas primeras semanas.

En estos momentos pueden surgir por parte de los niños lloros, pataletas, retraimiento e incluso los propios hijos durante este tiempo pueden castigar a los padres, dejando de comer, siendo más rebeldes o trasladando esta nueva situación a las horas de sueño, durante las cuales pueden despertar llorando o tener pesadillas. Algo que incrementa los miedos de padres y familiares.

No debemos olvidar, que los niños cuando sienten que se les cuida, se les quiere, se esta atento a sus necesidades y descubren que se divierten haciendo actividades que de otra forma no llevarían a cabo, son los primeros que quieren ir a la guardería, sintiendo en poco tiempo que las educadoras y el resto de niños forman parte de su vida. En ese momento vendrán alegres y contentos e incluso cuando llegue la hora de marcharse a casa, no querrán irse, por que disfrutan de este tiempo.

Conductas externalizantes

  • Lloros
  • Pataleos
  • Dejar de comer
  • Negación a dormir
  • Enuresis
  • Conductas internalizadas

Retraimiento. Evitación de relación con otros niños y con la educadora

No debemos olvidar que esta situación al principio esta llena de dudas, ayudará a los alumnos a crecer en autonomía, a su socialización y a su integración para la posterior escolarización, junto a la creación de hábitos que ayudarán y acompañaran al niño en su maduración ayudándole a forjar su personalidad.

En este tiempo hay que prestar mucha atención al niño, transmitiéndole afecto y seguridad.

Como en muchos sectores el sector educativo dedicado a la primera infancia tienen su propio lenguaje en el desarrollo diario de sus tareas, algo que para los padres que comienzan esa nueva etapa, puede ser incomprensible en este primer momento, hasta que pasa el tiempo suficiente y todo se relaja. También debemos contemplar este hecho como factor importante en este periodo.

Sugerencias para padres y educadores

  • Considerar las conductas como normales durante este tiempo, sin preocupación, ni presión.
  • Cada niño es diferente y tendrá su propio tiempo de adaptación si le ayudamos entre todos será mucho más fácil.
  • No transmitir miedos, temores, ni ansiedad a los niños.
  • Despedirle con alegría, con seguridad y afecto de forma rápida y sin entretenernos, diciéndole antes de entrar que usted regresará con tono firme y sereno.
  • Mantener diálogos al recogerle sobre que ha hecho, o a quien a conocido, o sobre su educadora.
  • Estar en comunicación con las personas responsables de la adaptación del niño.